El empleo desde la perspectiva social.

Está claro que el empleo constituye una función social importante. No trabajamos exclusivamente con el objetivo de satisfacer nuestrasnecesidades económicas, sino también para sentirnos realizados/as y posicionarnos socialmente.

Cuando como orientadores/as e integradores/as sociales, trabajamos con colectivos vulnerables, priorizamos dotar a las personas de las capacidades y habilidades necesarias para acceder a un empleo y mantenerlo, como uno de los pilares fundamentales para poder conseguir la plena integración en la sociedad.

A menudo, nos sentimos frustrados cuando el empleo, entendido en el sentido tradicional del concepto, no llega.

Cuando hablamos con algún conocido al que no vemos desde hace tiempo la pregunta ¿Estás trabajando?, suele estar presente en la conversación.

Consideramos trabajo a aquella ocupación remunerada, con un horario determinado y unas funciones específicas. Así que, a la pregunta anterior, sólo respondemos afirmativamente cuando nuestra ocupación reúne esas características.

Por el contrario, quitamos valor a otras actividades que desarrollamos y que pueden ser tan profesionales como otras, incluso estar más relacionadas con nuestros intereses y habilidades.

Un alto porcentaje de personas trabaja en proyectos para los que no se sienten identificados, y solemos esperar a que la situación cambie para buscar una oportunidad laboral más acorde a lo que deseamos. Otras veces, nos empeñamos en trabajar en aquello relacionado con nuestra titulación o con aquello a lo que siempre nos hemos dedicado, obviando que podemos desarrollar nuestras habilidades en otros muchos ámbitos que pueden hacer que crezcamos profesionalmente de forma más efectiva.

Actualmente, ponemos la excusa de la situación del mercado laboral para resistirnos a buscar aquel empleo en el que de verdad nos sintamos realizados/as, pero es una situación que siempre ha existido. ¿Por qué? Por seguir el convencionalismo de trabajar en aquel empleo que reúna las condiciones anteriormente detalladas, aunque no nos satisfaga.

¿Cuánta creatividad se ha perdido?, ¿Cuántos proyectos innovadores?, ¿Cuántas oportunidades de dar respuesta a diversas demandas de la sociedad?

Si el mercado laboral evoluciona, y con este las ocupaciones, es porque en algún momento alguien innovó, estudió la forma de dar respuestas efectivas a las necesidades existentes, y sobre todo, se centró en trabajar en aquello que más le satisfacía y para lo que creía que podía desarrollar más su potencial, sin preguntarse si era lo más idóneo.

¿Cuántas ideas innovadoras han nacido de manos de personas en desempleo? Precisamente en momentos en los que no estaban sujetos a las directrices de ninguna organización, cuando no esperaban nada a cambio más que la satisfacción de desarrollar su idea.

¿Cuántas horas y esfuerzos se han dedicado a desarrollar proyectos y trabajar en base a unos valores con los que no se siente una identificación?  Pensemos cuántas personas se han sentido así, desde los tiempos de la revolución industrial.

Plantearse estas cuestiones ha sido, a veces, el motivo del comienzo de un camino hacia el emprendimiento.

Estoy convencida de que todas las personas, con un mínimo de capacidad de análisis y crítica, tienen en mente una idea de su empleo soñado, e incluso de la forma en la que lo podría hacer realidad.

Ahora está de moda, puede que sea por la necesidad de crearnos nuestro propio empleo por aquello de no poder trabajar por cuenta ajena, el tema de motivar para el emprendimiento, desde jóvenes.

Pero esto contrasta con la idea rígida de aquello que consideramos que es un empleo. Solemos tildar a diversas actividades como “pérdida de tiempo”, cuando muchas de estas ideas necesitan tiempo para crecer. Y hasta que la idea se desarrolla, se necesita otro empleo para subsistir, de acuerdo, pero que no lleve a renunciar a impulsar la idea.

Ocurre, también, que cuando hablamos de emprendimiento pensamos en una empresa, a lo grande, lo que hace que nos limitemos, pero el emprendimiento puede comenzar con una pequeña idea.

Todos/as tenemos eso que llamamos valor añadido, y puede estar relacionado con nuestros estudios, o no, da igual, al fin y al cabo todo sirve y todo se relaciona.

Piensa que el dinero que ganamos no es más que tiempo que hemos invertido para conseguirlo; dinero que gastamos invirtiendo más tiempo en, una vez más, convenciones sociales y pautas marcadas de cómo debemos vivir.

fuente: lanuevarutadelempleo.com

http://www.lanuevarutadelempleo.com/Noticias/trabajar-para-encajar-y-nuestra-idea-del-emprendimiento

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