El 5 de agosto de 2026 se cumplen 87 años del fusilamiento de Las Trece Rosas, trece mujeres de entre 18 y 29 años ejecutadas en Madrid durante los primeros meses de la dictadura franquista. Junto a ellas fueron fusilados 43 hombres, recordados actualmente como Los 43 Claveles.
Recordarlas no debería ser un ejercicio ritual ni una disputa basada en consignas. Significa acercarse con rigor a unas vidas concretas, comprender el funcionamiento de la represión de posguerra y preguntarnos qué necesita una sociedad democrática para conservar su memoria sin convertirla en propaganda, espectáculo o arma arrojadiza.
Las Trece Rosas forman parte de nuestra historia colectiva, pero antes que símbolo fueron personas: jóvenes trabajadoras, modistas, militantes, una pianista, una secretaria, hijas, hermanas, amigas y, en el caso de Blanca Brisac, madre de un niño de once años.
Su historia nos habla de represión política, desigualdad de género, juventud, trabajo, educación, miedo, resistencia y dignidad. También nos obliga a reflexionar sobre la importancia de los archivos, la enseñanza de la historia, la cultura democrática y la capacidad de los territorios para proteger y transmitir su patrimonio humano.
¿Quiénes fueron Las Trece Rosas?
Las Trece Rosas fueron trece mujeres detenidas en Madrid entre mayo y junio de 1939, pocas semanas después del final de la Guerra Civil. Varias estaban vinculadas a las Juventudes Socialistas Unificadas —JSU— o al Partido Comunista de España; otras fueron detenidas por relaciones personales, familiares o profesionales con personas consideradas desafectas al nuevo régimen.
Esta fue la relación de mujeres ejecutadas el 5 de agosto de 1939:
| Nombre | Edad difundida | Ocupación o perfil |
|---|---|---|
| Carmen Barrero Aguado | 20 años | Modista |
| Martina Barroso García | 24 años | Modista |
| Blanca Brisac Vázquez | 29 años | Pianista |
| Pilar Bueno Ibáñez | 27 años | Modista |
| Julia Conesa Conesa | 19 años | Modista |
| Adelina García Casillas | 19 años | Activista |
| Elena Gil Olaya | 20 años | Activista |
| Virtudes González García | 18 años | Modista |
| Ana López Gallego | 21 años | Modista |
| Joaquina López Laffite | 23 años | Secretaria |
| Dionisia Manzanero Salas | 20 años | Modista |
| Victoria Muñoz García | 18 años | Activista |
| Luisa Rodríguez de la Fuente | 18 años | Sastre |
La tabla reproduce las edades y ocupaciones recogidas en fuentes divulgativas y en la placa conmemorativa instalada en 2009. Conviene advertir que algunas biografías publicadas ofrecen diferencias puntuales sobre determinadas edades y militancias. Por ello, resulta más riguroso hablar de mujeres de entre 18 y 29 años, muchas de las cuales eran menores de edad conforme a la mayoría legal vigente en 1939, sin convertir una cifra discutida en el centro de su historia.
El contexto: Madrid después de la Guerra Civil
La Guerra Civil terminó oficialmente el 1 de abril de 1939. La victoria franquista no abrió inmediatamente un periodo de reconciliación, sino una extensa política de depuración, encarcelamiento, consejos de guerra y ejecuciones contra quienes habían defendido la República o eran considerados adversarios del nuevo régimen.
La cárcel de mujeres de Ventas, concebida durante la Segunda República con criterios penitenciarios más modernos, quedó desbordada. Miles de mujeres fueron recluidas en condiciones de hacinamiento, escasez de alimentos, falta de higiene, enfermedades y miedo permanente a las llamadas nocturnas que podían significar el traslado hacia una ejecución.
En este contexto, algunos jóvenes vinculados a las organizaciones derrotadas intentaron reorganizar clandestinamente las Juventudes Socialistas Unificadas y ayudar a personas encarceladas o perseguidas. Las detenciones de Las Trece Rosas se produjeron dentro de la operación policial contra esa reorganización.
Reducir su historia a una simple etiqueta política impide comprender la dimensión humana de aquellas jóvenes y la enorme vulnerabilidad en la que se encontraban. Tampoco todas desempeñaban las mismas responsabilidades ni tenían el mismo grado de implicación. La represión tendió a agrupar trayectorias diferentes bajo una acusación colectiva.
El proceso judicial y la causa 30.426
Las Trece Rosas fueron juzgadas en un consejo de guerra sumarísimo dentro de la causa 30.426. El proceso careció de las garantías que hoy asociamos a un juicio justo: defensa efectiva, investigación independiente, individualización rigurosa de las conductas y posibilidad real de recurrir la sentencia.
Fueron condenadas por “adhesión a la rebelión”, una figura jurídica utilizada por la dictadura contra quienes habían permanecido vinculados a la legalidad republicana o se habían opuesto al levantamiento militar. La inversión resulta históricamente significativa: quienes apoyaron al Gobierno de la República terminaron siendo acusados de rebelión por el régimen surgido de la sublevación.
Las investigaciones históricas y la documentación conocida no respaldan las afirmaciones difundidas posteriormente según las cuales Las Trece Rosas habrían participado en torturas, violaciones o asesinatos. La sentencia las relacionaba con la reorganización clandestina de las JSU y del PCE, no con esos crímenes.
También se las ha relacionado con el asesinato del comandante de la Guardia Civil Isaac Gabaldón, cometido el 27 de julio de 1939. Sin embargo, las trece habían sido detenidas antes de ese atentado: sus encarcelamientos se produjeron entre el 1 de mayo y el 6 de junio. La propia sentencia del 3 de agosto no les atribuyó la ejecución material de aquel asesinato.
La condena fue dictada el 3 de agosto. Dos días después, en la madrugada del 5 de agosto de 1939, fueron trasladadas desde la cárcel de Ventas hasta las inmediaciones del Cementerio del Este, actual Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, donde fueron fusiladas. Junto a ellas fueron ejecutados 43 hombres incluidos en la misma causa.
Las últimas cartas: humanidad frente a la muerte
Una de las dimensiones más conmovedoras de esta historia se encuentra en las cartas escritas por algunas de las condenadas antes de morir.
Julia Conesa dejó una frase que se ha convertido en símbolo de la memoria democrática:
«Que mi nombre no se borre de la historia».
Blanca Brisac escribió a su hijo Enrique y le pidió que no guardara rencor hacia quienes iban a matar a sus padres. Sus palabras no borran la injusticia, pero muestran una extraordinaria voluntad de proteger emocionalmente a un niño incluso en los últimos momentos de su vida.
Estas cartas merecen ser leídas sin apropiaciones ni sentimentalismos fáciles. Son documentos personales escritos bajo una presión extrema. Nos permiten escuchar las voces de unas mujeres que durante décadas fueron recordadas principalmente mediante testimonios orales, redes familiares y relatos transmitidos por antiguas presas políticas.
Mujeres jóvenes y trabajadoras
La historia de Las Trece Rosas también puede leerse desde la perspectiva del empleo, la clase social y la autonomía de las mujeres.
Muchas eran modistas, sastras o trabajadoras vinculadas a actividades manuales y domésticas. La costura era uno de los pocos espacios laborales socialmente disponibles para numerosas mujeres jóvenes de familias trabajadoras. Otras desarrollaban tareas administrativas, culturales o políticas que implicaban salir del ámbito estrictamente doméstico.
Su participación en asociaciones juveniles, actividades de ayuda, organización política o trabajos de responsabilidad suponía una presencia femenina en el espacio público que chocaba con el modelo social impuesto por la dictadura.
La represión contra las mujeres tuvo además características específicas. No solo fueron perseguidas por su actividad política, sino también por ser madres, esposas, compañeras, hermanas o hijas de hombres represaliados. Sufrieron humillaciones, castigos, violencia y mecanismos de control vinculados a su condición de mujeres. Esta dimensión diferenciada está expresamente reconocida por la Ley de Memoria Democrática.
Por eso, recordar a Las Trece Rosas no consiste únicamente en explicar una ejecución. También significa analizar cómo el género, la juventud, la precariedad laboral, la pertenencia social y la falta de poder podían acumularse hasta dejar a determinadas personas prácticamente indefensas ante un aparato represivo.
De la memoria clandestina al símbolo colectivo
Durante décadas, el recuerdo de Las Trece Rosas se conservó en las familias, en el exilio, entre antiguas presas políticas y en organizaciones sociales y memorialistas. No fue una memoria plenamente pública ni institucional.
A partir de las décadas de 1970 y 1980 comenzó a ocupar un espacio mayor en el debate social. Posteriormente, las investigaciones históricas, los testimonios, las novelas, el libro de Carlos Fonseca, el cine, el teatro y los homenajes ciudadanos ampliaron enormemente el conocimiento del caso.
Un estudio académico publicado en 2026 analiza precisamente cómo se construyó el relato de Las Trece Rosas: primero mediante una memoria oral y casi subterránea, después como símbolo de la represión franquista y, finalmente, como objeto de controversias, estereotipos y contrarrelatos.
Esta evolución plantea una advertencia importante. La memoria necesita símbolos para hacerse visible, pero los símbolos pueden terminar simplificando a las personas.
Las Trece Rosas no deberían ser presentadas como trece figuras idénticas, sin contradicciones ni biografía propia. Tampoco es aceptable responder a su mitificación mediante bulos que las conviertan en autoras de delitos que la documentación judicial no les atribuyó.
El mejor homenaje es investigar, contrastar y devolver a cada una su nombre, su edad, su trabajo, sus vínculos, sus decisiones y su humanidad.
Un lugar físico para la memoria
La tapia del antiguo Cementerio del Este fue uno de los principales escenarios de las ejecuciones franquistas en Madrid. Entre abril de 1939 y febrero de 1944 fueron ejecutadas allí 2.936 personas, entre ellas 80 mujeres. Las Trece Rosas fueron fusiladas en ese lugar el 5 de agosto de 1939.
En octubre de 2025, el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática declaró oficialmente la tapia sur del cementerio como Lugar de Memoria Democrática. La declaración contempla medidas de protección, señalización, investigación y difusión.
El Ayuntamiento de Madrid acordó posteriormente impugnar judicialmente esa declaración por considerar que afectaba a intereses municipales. Según la documentación consultada, la declaración fue publicada oficialmente y el consistorio decidió recurrirla, pero no consta en las fuentes revisadas una resolución judicial definitiva sobre el fondo del conflicto.
Esta controversia vuelve a demostrar que la memoria no se limita al pasado. También afecta a la gestión presente del patrimonio, los espacios públicos, los cementerios, los archivos y los lugares donde ocurrieron hechos traumáticos.
El 87 aniversario: actos y memoria cultural
El miércoles 5 de agosto de 2026 está anunciado en Madrid el tradicional homenaje a Las Trece Rosas y Los 43 Claveles. El acto, convocado por organizaciones políticas y memorialistas, está previsto a las 11:00 horas junto al monumento del Cementerio de la Almudena.
La memoria de estas mujeres continúa además inspirando iniciativas culturales. La programación de la temporada 2026-2027 del Teatro de la Zarzuela incluye el estreno mundial de la ópera Las trece rosas rojas, con música de Cecilia Bercovich, concebida como una obra vinculada a la memoria y a la defensa de la paz.
Que su historia llegue al teatro, la música, el cine o la literatura puede ayudar a nuevas generaciones a acercarse al pasado. Pero toda creación cultural debería diferenciar con claridad los hechos documentados, las interpretaciones y las licencias artísticas.
Memoria democrática, educación y competencias ciudadanas
La memoria democrática no debería abordarse como una asignatura destinada a imponer una opinión, sino como un espacio para aprender a trabajar con pruebas, contrastar fuentes y comprender cómo se debilitan los derechos.
El caso de Las Trece Rosas permite desarrollar competencias esenciales:
- Lectura crítica de documentos históricos.
- Diferenciación entre hechos, interpretaciones, propaganda y bulos.
- Comprensión de los derechos humanos y las garantías judiciales.
- Perspectiva de género aplicada a la historia.
- Capacidad para dialogar sobre asuntos controvertidos.
- Alfabetización mediática y digital.
- Empatía hacia las víctimas sin renunciar al rigor.
- Conservación y transmisión responsable del patrimonio documental.
Estas capacidades no pertenecen únicamente al ámbito académico. Son competencias democráticas y profesionales. Una sociedad que no sabe comprobar una fuente, reconocer una manipulación o escuchar una experiencia diferente es también más vulnerable ante la desinformación contemporánea.
Desde mi perspectiva profesional, recordar a Las Trece Rosas no significa abrir artificialmente una herida. La herida existe porque trece mujeres fueron condenadas en un proceso sin garantías, ejecutadas y silenciadas durante décadas.
Nombrarlas no divide. Lo que divide es la manipulación, la mentira o la incapacidad para reconocer la dignidad de las víctimas cuando no pertenecen a nuestro espacio ideológico.
Una democracia madura debe ser capaz de mirar su pasado sin miedo, investigar sin consignas y educar sin adoctrinar. Debe reconocer a las víctimas, proteger los documentos y permitir que la ciudadanía acceda a los hechos.
La memoria democrática también debe ser inclusiva. No puede consistir en sustituir un silencio por otro ni en jerarquizar el sufrimiento según intereses partidistas. Su fundamento ha de ser la verdad documentada, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición.
Como profesional del empleo, la formación, la innovación y el desarrollo local, considero especialmente importante conectar esta memoria con la educación ciudadana. Necesitamos jóvenes capaces de investigar, contrastar, dialogar y defender los derechos humanos. Esa es también una forma de empleabilidad y de competencia profesional: aprender a tomar decisiones con criterio, responsabilidad y consciencia.
Conclusión: recordar para construir
- Ochenta y siete años después, la frase de Julia Conesa continúa interpelándonos: que su nombre no se borre de la historia.
- Pero conservar un nombre no significa repetirlo una vez al año. Significa conocer la persona que hubo detrás, explicar el contexto, conservar los documentos, desmontar las falsedades y transmitir lo aprendido a quienes vienen después.
- Las Trece Rosas no necesitan ser convertidas en leyenda para que su historia resulte estremecedora. Basta con acercarse a los hechos: trece mujeres jóvenes, condenadas mediante un consejo de guerra sin garantías y ejecutadas al amanecer, cuando apenas habían transcurrido cuatro meses desde el final de la guerra.
- Una sociedad democrática no demuestra su fortaleza ocultando sus heridas, sino aprendiendo a mirarlas con verdad, respeto y humanidad.
- Porque un territorio que no sabe leer sus heridas difícilmente podrá construir un futuro plenamente consciente.
Fuentes y enlaces principales
- Sentencia y proceso judicial de Las Trece Rosas. Verificación histórica de RTVE. La documentación consultada explica la causa 30.426, la acusación de adhesión a la rebelión y la ausencia de imputaciones por torturas, violaciones o asesinatos.
- Perfiles biográficos de Las Trece Rosas. RTVE. Relación de nombres, edades, ocupaciones y vinculaciones conocidas.
- Informe del Ayuntamiento de Madrid. Relación nominal y referencia a la ejecución del 5 de agosto de 1939.
- Ley 20/2022, de Memoria Democrática. Declara nulas las condenas dictadas por motivos políticos o ideológicos durante la guerra y la dictadura y reconoce la represión específica padecida por las mujeres.
- Declaración de la tapia del Cementerio del Este como Lugar de Memoria Democrática. Resolución publicada en el BOE en octubre de 2025.
- Acuerdo del Ayuntamiento de Madrid sobre la impugnación de la declaración. Documentación municipal de diciembre de 2025.
- Investigación académica sobre la construcción de la memoria de Las Trece Rosas. Estudio de Fernando Hernández Holgado publicado en 2026.
- Cartas de despedida. Documentación sobre las últimas palabras de Julia Conesa y Blanca Brisac

