Castilla-La Mancha no puede mirar esta agenda desde fuera

A veces las grandes transformaciones no llegan en forma de titular estridente, sino de pequeñas señales que, leídas con atención, anuncian un cambio de época. La creación del Centro de Innovación Territorial (CIT) de Valencia, formalizada mediante resolución publicada en el BOE, es una de esas señales. No se trata solo de un convenio administrativo entre el MITECO y una diputación provincial. Se trata de la consolidación de una forma distinta de entender la política pública: innovación territorial, cooperación institucional, emprendimiento y lucha contra la despoblación como parte de una misma estrategia.

Y aquí es donde, en mi opinión, Castilla-La Mancha no debería limitarse a observar. Debería tomar nota, interpretar bien el momento y moverse con inteligencia. Porque nuestra región cuenta ya con activos más que suficientes para situarse en esta conversación con voz propia: una estrategia regional de apoyo al trabajo autónomo, una red profesional como APRODEL, un ecosistema emprendedor que el Informe GEM 2024-2025 califica como “excelente”, y un despliegue de innovación aplicada como el programa FiveCLM, con cinco hubs provinciales orientados a la transformación digital y al emprendimiento innovador.

Por eso este artículo no quiere ser solo un comentario sobre una noticia. Quiere ser algo más útil: una reflexión estratégica sobre lo que Castilla-La Mancha puede y debe hacer para conectar esta nueva agenda de innovación territorial con el trabajo autónomo, el emprendimiento y el desarrollo local.

Qué nos dice realmente el CIT de Valencia

El convenio publicado en el BOE define el CIT de Valencia como un instrumento orientado a impulsar soluciones de innovación transformativa en territorios con dificultades demográficas, con lógica de concertación social, económica e institucional. Además, lo integra explícitamente en la Red de Centros de Innovación Territorial, impulsada por la Secretaría General para el Reto Demográfico, con un nodo central MITECO-CIUDEN y una vocación clara de cooperación entre centros y territorios.

Esto importa mucho porque cambia el enfoque. Ya no hablamos solo de llevar ayudas a los territorios o de abrir espacios de coworking en el medio rural. Hablamos de algo más ambicioso: crear nodos de inteligencia territorial, lugares capaces de conectar proyectos, personas, administraciones, conocimiento y oportunidad.

Esa es, para mí, la gran lección del CIT de Valencia: la innovación territorial no debe reducirse a equipamientos ni a discursos. Debe convertirse en una arquitectura de apoyos reales, capaz de acompañar procesos, activar ecosistemas y hacer que el emprendimiento deje de ser una aventura solitaria para convertirse en una posibilidad más viable.

Castilla-La Mancha no parte de cero

Y aquí conviene decirlo con claridad. Castilla-La Mancha no llega tarde. Castilla-La Mancha llega con base.

La Estrategia de Impulso al Trabajo Autónomo 2022-2025, elaborada en el marco del diálogo social, ya puso sobre la mesa una agenda muy seria de apoyo al autoempleo: potenciar la cultura emprendedora, facilitar el inicio de actividad, mejorar la competitividad de las personas trabajadoras autónomas, favorecer el relevo generacional y reforzar la capacitación y el acompañamiento. Además, el Gobierno regional anunció una convocatoria de 22 millones de euros para 2026 destinada a apoyar a autónomos en sus primeros años de actividad.

A esto se suma un dato que no es menor: el Informe GEM Castilla-La Mancha 2024-2025 sitúa el entorno regional para emprender como “excelente”, coloca a la región entre las primeras posiciones en actividad emprendedora y destaca tanto el crecimiento del emprendimiento femenino como la fortaleza del emprendimiento potencial.

Por tanto, el debate no debería ser si hay o no base suficiente. La base existe. El debate real es este:

¿cómo conectamos mejor lo que ya tenemos para que deje de funcionar como piezas sueltas y empiece a actuar como ecosistema?

El punto crítico: pasar de políticas aisladas a ecosistemas conectados

Aquí está la cuestión de fondo. Castilla-La Mancha dispone de ayudas, estrategia, profesionales, territorio y proyectos. Pero eso no garantiza por sí solo un ecosistema denso, coordinado y transformador.

Porque el emprendimiento y el trabajo autónomo no fracasan solo por falta de dinero. Muchas veces fracasan por otras razones:

    • porque la información no llega a tiempo,
    • porque el itinerario de acompañamiento se corta demasiado pronto,
    • porque la ayuda pública no está bien anclada al contexto del proyecto,
    • porque la red de apoyo es débil,
    • o porque el territorio no logra traducir sus recursos en oportunidad económica sostenible.

Y ahí es donde la lógica CIT tiene algo que enseñar: no basta con convocar subvenciones ni con disponer de programas. Hace falta articulación, proximidad, gobernanza y servicios útiles.

En otras palabras: hace falta pasar de una lógica de medidas a una lógica de ecosistema.

FiveCLM: una pista muy importante del modelo que viene

Castilla-La Mancha, además, ya está explorando esa dirección con el programa FiveCLM, una red de cinco hubs provinciales concebidos para impulsar innovación abierta, transformación digital y desarrollo de soluciones tecnológicas desde el territorio. El programa opera en cinco localizaciones: Tarazona de la Mancha, Alcolea de Calatrava, Iniesta, Humanes y Escalona, y ha ido desplegando actividad con startups, empresas y proyectos especializados en distintos ámbitos de innovación.

Hay ejemplos ya bastante claros: el hub de Escalona se ha impulsado como referencia en turismo inteligente y movilidad sostenible, el de Humanes se ha orientado a ciudades inteligentes e industria, e Iniesta se ha posicionado como nodo vinculado a sostenibilidad y energías verdes.

Esto abre una pregunta muy interesante:
¿por qué no conectar de forma más explícita la lógica FiveCLM con la agenda CIT y con la estrategia de apoyo al trabajo autónomo?

Porque, si lo pensamos bien, no son mundos distintos. Son piezas complementarias.

    • Los CIT trabajan innovación territorial y reto demográfico.
    • FiveCLM impulsa innovación abierta y digital desde el territorio.
    • La estrategia de autónomos aporta financiación, acompañamiento y base de apoyo al autoempleo.
    • APRODEL y la red de profesionales del desarrollo local aportan conocimiento de proximidad, lectura del territorio y acompañamiento humano.

Juntas, esas cuatro piezas pueden configurar algo muy poderoso.

El papel de APRODEL: no observar la agenda, sino influir en ella

Aquí quiero detenerme especialmente, porque para mí este es el punto más importante del artículo.

APRODEL no debería limitarse a comentar esta agenda. Debería contribuir a diseñarla.

Y lo digo por una razón muy simple: porque las y los profesionales del desarrollo local, del empleo y del acompañamiento al emprendimiento conocen la realidad del territorio con un nivel de profundidad que pocas instituciones poseen.

Conocen:

    • dónde falla el acceso a la información,
    • qué tipo de ayudas no están llegando bien,
    • qué sectores tienen potencial real en una comarca concreta,
    • qué proyectos necesitan acompañamiento más allá del primer trámite,
    • qué barreras encuentran mujeres, jóvenes, retornados o autónomos en el medio rural,
    • y qué valor tiene la proximidad cuando una persona decide emprender o sostener su actividad.

Eso no es un conocimiento accesorio.
Eso es inteligencia territorial.
Y en un contexto donde se habla tanto de innovación territorial, sería un error dejar fuera precisamente a quienes más territorio pisan.

Por eso, si me permito una opinión clara, diría que APRODEL debería defender, con serenidad pero con convicción, tres ideas básicas:

Primera

Que cualquier futuro dispositivo de innovación territorial en Castilla-La Mancha —sea CIT, hub, centro o red— debe integrar desde el inicio a profesionales del desarrollo local y del empleo en sus espacios de coordinación y gobernanza.

Segunda

Que el trabajo autónomo y el emprendimiento no deben tratarse solo como política económica, sino también como política territorial, social y demográfica.

Tercera

Que las ayudas y estrategias regionales necesitan traducirse en itinerarios reales de acompañamiento, no solo en instrumentos financieros.

Innovación territorial no es solo tecnología

Este es otro punto sobre el que conviene insistir. Cuando se habla de hubs, centros de innovación o transformación digital, existe el riesgo de reducir el debate a la tecnología. Y eso sería un error.

La innovación territorial no es solo inteligencia artificial, plataformas o gemelos digitales. Es también:

    • innovación organizativa,
    • innovación institucional,
    • innovación comunitaria,
    • innovación social,
    • y capacidad de cooperación entre actores que antes trabajaban en paralelo.

Un territorio innova cuando es capaz de resolver mejor sus problemas y activar mejor sus recursos.

Por eso, en Castilla-La Mancha, hablar de innovación territorial debería incluir tanto una startup tecnológica en un hub como un proyecto de autoempleo rural vinculado a servicios, cuidados, agroalimentación, turismo o economía circular. No son mundos incompatibles. Son capas diferentes del mismo modelo.

Y precisamente por eso el lenguaje del desarrollo local sigue siendo tan útil: porque permite traducir grandes políticas en oportunidades concretas y cercanas.

La oportunidad real: anclar las ayudas en estrategias de territorio

Otro aspecto muy relevante es la relación entre financiación y acompañamiento. La convocatoria anunciada de 22 millones de euros para autónomos en 2026 puede ser una gran oportunidad. Pero su verdadero impacto dependerá de una pregunta muy práctica:

¿esas ayudas llegarán como un ingreso puntual o como parte de un ecosistema que ayude a consolidar actividad y transformar territorio?

Porque no es lo mismo subvencionar altas individuales de autónomos que utilizar esos recursos como palanca para:

    • activar sectores con potencial local,
    • apoyar relevo generacional en comercios o actividades productivas,
    • sostener servicios en pueblos pequeños,
    • crear cadenas de valor territoriales,
    • o reforzar proyectos con efecto multiplicador sobre empleo y comunidad.

Aquí es donde la colaboración entre Junta, diputaciones, entidades locales, red de desarrollo local y futuros dispositivos CIT o hubs puede marcar una diferencia real.

Castilla-La Mancha necesita una posición propia en esta agenda

Si algo demuestra el ejemplo del CIT de Valencia es que esta conversación ya está en marcha. La Red CIT sigue creciendo; el MITECO continúa consolidando el modelo y mantiene líneas de subvención específicas para proyectos innovadores de transformación territorial y lucha contra la despoblación.

Además, la propia Red CIT sigue ampliándose con nuevos territorios, y en 2025 ya se formalizaron adhesiones de nuevos espacios, entre ellos Guadalajara, lo que confirma que Castilla-La Mancha no está al margen de este proceso.

Por eso, mi impresión es clara:
Castilla-La Mancha necesita formular una posición propia, clara y ambiciosa en esta agenda de innovación territorial.

No desde la copia. No desde el oportunismo.
Sino desde lo que ya tiene:

    • experiencia en desarrollo local,
    • red profesional,
    • estrategia de apoyo al trabajo autónomo,
    • ecosistema emprendedor en crecimiento,
    • hubs de innovación,
    • y una realidad territorial que exige respuestas adaptadas, no uniformes.

Una agenda posible para los próximos meses

Si tuviera que resumirlo en términos muy prácticos, diría que la región debería avanzar en cinco direcciones:

1. Conectar mejor las piezas existentes.
Estrategia de autónomos, FiveCLM, red profesional de desarrollo local, ayudas regionales y agenda CIT no deberían operar en compartimentos estancos.

2. Incorporar a APRODEL y a la red profesional del territorio como actor estratégico.
No como invitado puntual, sino como socio de conocimiento y de implementación.

3. Diseñar itinerarios más completos para personas emprendedoras y autónomas.
Información, orientación, ayudas, formación, mentorización y conexión con ecosistemas de innovación.

4. Leer la innovación territorial desde la realidad de Castilla-La Mancha.
No solo desde la alta tecnología, sino también desde el emprendimiento rural, el empleo local, la economía social y la lucha contra la despoblación.

5. Construir relato y visión compartida.
Porque los territorios también avanzan cuando saben contarse a sí mismos con ambición y sentido.

Este debate ya no es opcional

Todas apuntan en la misma dirección:
innovación territorial, emprendimiento y trabajo autónomo ya forman parte del nuevo lenguaje del desarrollo local.

La cuestión no es si Castilla-La Mancha debe entrar en esta conversación.
La cuestión es cómo quiere hacerlo.

Y aquí APRODEL tiene, en mi opinión, una oportunidad muy clara: ayudar a que esta agenda no se quede en titulares, ni en convenios, ni en estructuras sin alma. Ayudar a que se traduzca en servicios útiles, ecosistemas vivos y oportunidades reales para personas y territorios.

Porque, al final, de eso va todo esto.

No de centros.
No de siglas.
No de programas.

Va de una pregunta mucho más sencilla y mucho más importante:

¿somos capaces de construir territorios donde emprender, trabajar y vivir siga siendo posible y digno?

Yo creo que sí.
Pero no va a ocurrir solo.
Habrá que pensarlo, ordenarlo, conectarlo y trabajarlo.

Y cuanto antes empecemos, mejor.

 


PUEDES VER MAS AQUÍ:

El desarrollo local como profesión estratégica: más allá de la gestión, somos agentes de transformación del territorio

“Emprendimiento y Trabajo Autónomo en Castilla-La Mancha: Diagnóstico Integrado y Propuestas Estratégicas 2026–2029.” – Intervención

Economía social y economía circular en España: el nuevo modelo económico que transformará el empleo y el desarrollo local