El aumento del número de trabajadores irregulares, la falta de mano de obra y el empleo de las personas mayores son algunos de los problemas que debe afrontar Japón en el plano laboral para poder reavivar su economía y reflotar sus finanzas. En este artículo reflexionamos sobre la idiosincrasia del modelo laboral japonés a partir de datos como la tasa de desempleo total y la evolución del sistema de contratación.

La evolución de la tasa de desempleo total en seis décadas

La estadística de empleo que acapara un mayor protagonismo es la tasa de desempleo total, que expresa la proporción de población activa (suma de empleados y desempleados) en situación de desempleo absoluto (personas desocupadas que buscan trabajo). El gráfico 1 representa la evolución de la media anual de la tasa de desempleo total en Japón.

Durante el período de crecimiento acelerado de los años sesenta, la tasa de desempleo total de Japón se mantuvo por debajo del 1,5 %, pero empezó a aumentar tras la primera crisis del petróleo que puso fin al crecimiento acelerado japonés en 1973. La súbita apreciación del yen espoleada por los acuerdos del hotel Plaza de 1985 asestó un duro golpe a la economía japonesa —basada en la exportación—, lo que difundió el temor a una explosión del desempleo a consecuencia de la deslocalización de la producción industrial a otros países. En 1986 la tasa de desempleo alcanzó su peor máximo histórico hasta la fecha con un 2,8 %, pero posteriormente se suavizó gracias al aumento de la demanda nacional lograda por las medidas financieras y a la bajada de las tasas de interés lograda por las medidas monetarias del Gobierno.

5,4 %, récord de desempleo tras el estallido de la burbuja

El estallido de la burbuja económica tras la caída de la bolsa en 1992 catapultó la tasa de desempleo. En 1997 una crisis financiera volvió a hacer mella en el panorama laboral japonés, elevando la tasa de desempleo hasta el 4,1 % en 1998; desde entonces, a excepción de un descenso momentáneo a 3,9 % en 2007, la tasa se mantuvo por encima del 4 % hasta 2012.

En 2002 la intensificación de las medidas para sanear el sistema bancario mediante la liquidación de los créditos incobrables, junto con la proliferación de las prejubilaciones, se tradujo en un desempleo del 5,4 %: el peor nivel registrado en la historia de Japón hasta nuestros días. Una vez aligerado el problema de los créditos, la situación del empleo mejoró, pero la crisis global que estalló en septiembre de 2008 —conocida en Japón como “el shock de Lehmann” por la quiebra de la empresa Lehmann Brothers— hizo crecer la tasa de desempleo de nuevo hasta el 5,1 %.

Posteriormente el crecimiento del sector sanitario y social, sumado a las medidas de urgencia del Gobierno, resultó en una rápida disminución del desempleo. El Gran Terremoto del Este de Japón que tuvo lugar en 2011 tampoco afectó a la tendencia a la baja de la tasa de desempleo, que siguió cayendo hasta el 4,0 % en 2013.

Abe dejó pasar una oportunidad de oro para subir los impuestos

De enero a octubre de 2014 el desempleo se mantuvo por debajo del 4 %, y 2014 vio la tasa media de desempleo más baja desde 1997. Cabe apuntar que la tasa de desempleo inició su tendencia menguante en 2010, tres años antes de que la estrategia económica Abenomics se pusiera en marcha en 2013; por lo tanto, es un error atribuir la bajada del desempleo de los últimos años a dicha estrategia.

Los dos trimestres consecutivos de crecimiento económico negativo que rebeló el PIB en 2014 hicieron que en noviembre del mismo año el primer ministro Abe pospusiese la subida al 10 % del impuesto al consumo hasta abril de 2017. No obstante, a juzgar por la tasa de desempleo total —un indicador económico tan importante como el PIB—, la situación laboral era sin duda la mejor de los últimos tiempos. Así pues, con un mínimo esfuerzo para controlar las posibles repercusiones sobre el empleo, se trataba de un momento perfecto para aplicar el aumento impositivo.

Poca mano de obra y demasiado empleo irregular

En el trasfondo del continuado descenso del desempleo está la voraz demanda de personal por parte de las empresas. A decir verdad, en estos momentos el mayor problema del empleo en Japón es la falta de personal disponible para satisfacer las necesidades del sector empresarial.

La otra cara de la moneda, sin embargo, es que la copiosa oferta laboral consta casi por completo de empleo irregular. La proliferación de este tipo de empleo, más inestable que el empleo regular, frena el consumo e impide una auténtica recuperación económica. No obstante, la realidad demuestra que el empleo irregular no implica inestabilidad en todos los casos.

El gráfico 2 expresa la proporción de empleo regular y otros tipos de empleo entre la población trabajadora japonesa. El apartado “otros tipos de empleo” incluye los empleos irregulares propiamente dichos —a tiempo parcial o por horas—, y otros empleos como los de subcontratación y los de contrato de período definido. Además, en el gráfico los empleos irregulares se dividen según el período de contratación. Los empleos irregulares de 1 año o menos se incluyen en “empleados temporales o jornaleros”, mientras que los que superan el año se incluyen en “empleados permanentes”.

El gráfico muestra que en 1987 el 80 % de los trabajadores eran regulares, mientras que en 2007 casi un tercio eran irregulares, y en 2012 la proporción de irregulares seguía aumentando.

Además, el gráfico retrata un dato todavía más significativo: la proliferación de los empleos irregulares no se debe tanto al aumento de empleados temporales y jornaleros, como al de empleados permanentes.

La enmienda de la Ley de Subcontratación de Trabajadores

Tras el estallido de la burbuja económica, y especialmente a partir de la crisis financiera de 1997, las empresas japonesas se vieron acuciadas por la necesidad de reducir los costes de mano de obra. Por ese motivo empezaron a frenar la contratación de empleados regulares, que cobran salarios altos y gozan de condiciones laborales poco flexibles.

Por otro lado, para mantener la estabilidad de una empresa es necesario que una cierta proporción permanente de la plantilla esté formada por empleados experimentados. Tampoco olvidemos que la dificultad que experimentan actualmente las empresas para asegurarse el personal necesario no hará más que agravarse a medida que la población trabajadora disminuya. Por ese motivo las empresas intentan conservar a sus empleados irregulares más rentables durante el mayor tiempo posible. Y eso a su vez explica que se haya disparado el número de empleados irregulares permanentes, de contrato prolongado, en sustitución de los empleados regulares. Además, los empleados irregulares que trabajan durante mucho tiempo en una empresa tienen posibilidades de acabar convirtiéndose en empleados regulares en un futuro.

Actualmente el Gobierno intenta acabar con la bipolarización entre el empleo regular y el irregular ampliando la diversidad del empleo regular. La idea es que cada vez haya más oportunidades para la transición de un empleo irregular a un empleo regular con funciones y lugar de trabajo bien delimitados, y que se adapte a las necesidades personales y familiares del trabajador.

En 2015 la Dieta volverá a debatir la reforma del sistema de subcontratación laboral. Las enmiendas propuestas para la Ley de Subcontratación de Trabajadores ampliarán las oportunidades de los trabajadores subcontratados de trabajar durante 3 años seguidos o más. La legislación actual dispone que el período máximo en que un trabajador subcontratado puede ocupar un mismo puesto es de 3 años. Hay que modificar la ley para que tras esos 3 años la empresa que subcontrata al trabajador lo contrate directamente, o bien la empresa de origen le asigne una nueva empresa de destino, o incluso que la empresa de origen le ofrezca un contrato de período indefinido. Si se toman las medidas adecuadas, se ampliarán las oportunidades de progresar del empleo irregular al regular. Esperemos que las deliberaciones de la Dieta lleguen a buen puerto.

Trabajar pasados los 60

Otro de los temas candentes en cuestiones laborales es el empleo de las personas de edad avanzada. De los aproximadamente 110 millones de personas mayores de 15 años que viven en Japón, unos 32 millones tienen más de 64 años. Con una población joven que sigue menguando, el mal crónico de la falta de mano de obra solo puede afrontarse con una mayor presencia de la mujer en el mercado laboral y con el retraso de la jubilación de las personas mayores que conserven la motivación y las capacidades necesarias para seguir activas.

El gráfico 3 expresa la evolución de la tasa de empleo entre las personas de 60 a 64 y de 65 a 69 años de edad.

En la década de los sesenta, cuando los sectores agrícola, forestal y pesquero seguían teniendo mucho peso en la economía japonesa, casi un 60 % de las personas de entre 60 y 64 años, y casi un 50 % de las personas de entre 65 y 69 años estaban laboralmente activas. El crecimiento económico acelerado iniciado en la década de los sesenta vio un aumento del número de personas empleadas con una edad de jubilación definida, lo que hizo que el porcentaje de personas mayores ocupadas empezase a descender.

Hasta los años setenta, la mayoría de las empresas establecían la edad mínima de jubilación en los 55 años, pero a partir de los ochenta la edad oficial se retrasó hasta los 60. Eso provocó una subida temporal de la tasa de población mayor trabajadora en los años noventa. Sin embargo, pronto se reinstauró la tendencia menguante de décadas anteriores, hasta que en 2004 solo una de cada tres personas de entre 65 y 69 años seguía en el mercado laboral.

Junto con el retraso de la edad mínima para cobrar pensión de los 60 a los 65 años, en 2012 se aprobó una disposición legal que obliga a las empresas a permitir que los empleados que debían jubilarse a los 60 —edad mínima vigente cuando se les contrató— sigan trabajando hasta los 65 años si lo desean. Este cambio estimuló la ocupación entre la población de 60 a 64 años, y en 2013 la tasa de empleo alcanzó el nivel de la primera mitad de los años sesenta. Es previsible que en adelante la tasa de empleo de la población de entre 60 y 64 años siga al alza.

La generación del baby boom de la posguerra, pieza clave para el futuro

El siguiente punto por resolver es el empleo de las personas de entre 65 y 69 años. Si Japón quiere mantener a flote su sistema de pensiones de forma estable, no tiene más remedio que aplicar dos impopulares medidas: el recorte de las pensiones y el retraso de la edad mínima de cobro hasta los 70 años. Eso sí, para poder aplicar estas medidas, es necesario crear unas condiciones que permitan seguir trabajando y ganando un salario a partir de los 65 años.

El gráfico 3 muestra cifras esperanzadoras: desde 2004 la tasa de empleo entre la población de entre 65 y 69 años va al alza, acercándose al 40 % en 2013. Y la clave para generalizar esta tendencia la tiene la llamada “generación del baby boom”, que son los nacidos entre 1947 y 1949. Añadiendo un par de años más al cupo, los nacidos entre 1946 y 1950 son 10 millones de personas: 2,5 millones más que la generación de jóvenes nacidos entre 1981 y 1985.

Los nacidos durante y alrededor de la numerosa generación del baby boom serán los encargados de marcar tendencia a partir de 2016: para mantener el sistema de seguridad social y reflotar las finanzas de Japón, es vital que al llegar a los 65 años decidan no jubilarse y sigan sacando partido de su motivación y sus capacidades para seguir trabajando.

En el sistema de pensiones vigente, las personas de entre 65 y 70 años cuyos ingresos superan los 460.000 yenes mensuales entre la pensión y el sueldo ven reducida su pensión. Aun así, para evitar que el hecho de trabajar suponga pérdidas en los ingresos netos, la pensión solo se les reduce 1 yen por cada 2 yenes de aumento salarial.

Hay que seguir introduciendo medidas que incentiven el trabajo en el sistema de pensiones para que cada vez más personas mayores sigan laboralmente activas. Y las soluciones que tome Japón pueden convertirlo en un valioso modelo para el resto de países del mundo que también se enfrentan a los problemas del envejecimiento demográfico.

FUENTE: NIPPON

http://www.nippon.com/es/currents/d00151/

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